El Monasterio de Santo Toribio de Liébana en Cantabria

Monasterio Toribio de Liebana

Muy cerca del Parque Nacional de los Picos de Europa se halla el pueblo de Potes, en la maravillosa comarca cántabra de la Liébana. Con su Torre del Infantado, del siglo XV, y la Iglesia de San Vicente como elementos más interesantes de su patrimonio, la carretera que nos lleva hasta el monte de La Viorna guarda apenas a cinco kilómetros de Potes uno de los lugares mágicos de la zona.

Se trata del Monasterio de Santo Toribio de Liébana que, según la tradición, alberga en su interior el mayor trozo del Lignum Crucis, es decir, de la Verz Cruz de Cristo. Cuenta la historia, la leyenda o la tradición (como vosotros queráis) que el obispo de Astorga, Santo Toribio, trajo en el siglo V desde Jerusalén esta importante reliquia.

A una hora al suroeste de Santander, os recomendaría encarecidamente aprovechar algunas de las ofertas de vuelos que hay hasta la capital cántabra para visitar Potes y este distinguido monasterio. Declarado Monumento Nacional desde 1953, en él se celebra el Año Jubilar Lebaniego cada vez que el 16 de abril, festividad de Santo Toribio, cae en domingo. De ahí que sea un lugar de peregrinación, y miles de peregrinos crucen la Puerta del Perdón para dar testimonio de su fe.

Sin ir más lejos hay declaradas cuatro rutas para llegar hasta el monasterio: la ruta de la costa, que discurre por Cantabria, la castellana, la asturiana y la leonesa. Además del Lignum Crucis, en este monasterio se guardan los Comentarios al Apocalipsis del Beato de Liébana, escritos en el siglo VIII.

Del conjunto del monasterio hay que destacar la iglesia, que se empezó a construir en el siglo XIII. De estilo gótico, su fachada se parece bastante a la de la Catedral de Santander. Allí veréis la Puerta del Perdón, que solo se abre cada Año Jubilar. En su interior, en una capilla barroca de principios del XVIII, se guarda el Lignum Crucis. También se puede visitar el claustro del siglo XVII.

A todo este conjunto patrimonial se le une el aura de belleza y misterio que envuelve el monasterio. Junto a él encontramos la Cueva Santa, las ruinas del Santuario de Santa Catalina y las ermitas de San Juan de la Casería y San Miguel, esta última del siglo XIII.

Un lugar como este, en donde la naturaleza, la historia y la arquitectura, se funden en un abrazo eterno resulta de visita imprescindible. Es lo que tiene el encanto de una región como Cantabria.

Foto Vía Europa Press

 

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